dimecres, 19 de setembre del 2012

Son sólo palabras


A veces me sorprendo pensando en ellas.  Saben dulces, saladas, tan amargas como algunas almendras, acidas y refrescantes o en el más complejo de los casos todo a la vez, petándote los dientes y cosquilleándote la lengua y el paladar o la oreja, si tu eres el amable o duro receptor que las acoge. 
Necesito ese calor que emana de cada significado: ese de “bonito”, “especial” incluso de mí amada “melancolía” y “extrañeza”, de “delirio” y “emoción”.  Noto que éstas últimas se funden en mi interior sin dejar rastro, creo que laten y vibran como otro órgano de mi cuerpo.  Quiero adoptarlas, sentirlas, vivirlas, verlas arelar.
Pero son sólo palabras…

Que se las lleva el viento, se las traga la marea, que se pudren con el tiempo como una fruta ajena a nuestra extensión.  Dime lo que quieras, serán sólo palabras sin dueño, abandonadas en el ambiente fogoso o hibernal.  Nunca una palabra podrá ser más tuya que en tu silencio sellado.  Palabra verdadera que azota tus sentidos o palabra simulada que los acalla al servicio de una razón o pensamiento.  Suéltala, susúrramela en mis oídos, es sólo una palabra, no más que significados delimitados.  Déjala libre, que llegue a mi.  Márcala, grítala, déjame sorda.  Musítame, dame el placer de esforzarme a hacerla mía.  Aquí la marea no llegará para ahogarme la palabra dulce, la palabra amarga.  Luego, mírame a los ojos buscando en mí tu voz, porque nunca yo sabré si existe, si el viento puede hacerla volar, si el agua la puede mojar.