dijous, 26 de gener del 2012

Enfermedad


Miras a tu alrededor con desdén, creyendo saberlo todo.  El olor a asfalto te asalta dulcemente.  Oyes el orgasmo de un porche veloz arrancando en un semáforo.  Sonríes, crees tenerlo todo.  Piensas: “amo a mi mujer”,  dices: “amo a mi chica, ella es mi único amor”,  y cae el telón de golpe al vislumbrar con lujuria, por fin, ese coche perdido a lo lejos; Lo ves para ti, te sienta bien.  Esa emoción te invade como una droga.

Dices: “yo puedo tenerlo” mientras tus pensamientos lamen sin cesar, cada vez más rápido, la visión de ti mismo conduciendo tu vehículo ideal, y como una noria, se añaden al baile un iphone, un viaje, un piso.  Tienes poco dinero para gastar, ¡qué importa! El mundo está hecho para las cosas bonitas.  “Odio el trabajo, la rutina, los nudos”.  ¿Oyes cómo rugen los malditos?  ¡Escucha como te reclaman! Dices “amo a mi mujer…” y piensas “… sentada en el porsche de cuero”.  Te casarás con ella y tendréis hijos y Armani, Apple, Nespressos y puede que vestidos de Dior.  Ella llora.  Ella embellece con una rosa carmín de tu bolsillo. Es del color del pintalabios que se compró la semana pasada en aquellos grandes almacenes.  Tus ojos chispean del infantil júbilo que la tranquilidad te produce.  Si ella está contenta tú también lo estás: esta es la llave y el secreto de tu media felicidad decisión, existencia.  Has comprobado que nada te falta, que hay cosas que sobran. ¡Hay demasiados apetitosos cuerpos expuestos, listos para comprar, en el escaparate de la vida! Alguno parece un rubí reluciente...  Tócale un muslo, cálmate.  Acaríciale el pubis, con ternura.  Hazle el amor con ahínco mañana y noche, prometerá serte fiel para siempre.  Tus bolsillos están vacíos, sólo has podido alquilar una noche, tu mejor postor.  Musítale antes de irte “Amo a mi mujer” y en silencio examínale los muslos y contémplale el pubis por última vez.  Ya la tienes, ¡no! ya la has tenido: nada te falta, hay cosas que sobran.  Hay un nudo molesto, afloran tus lágrimas.  Un mensaje de móvil: “Cariño, te amo, te necesito” y también un coche, un iphone, un viaje, un piso… Tu semblante ya parece más tranquilo.  

dimecres, 4 de gener del 2012

Sufrimiento


El sufrimiento se lleva por dentro y poco a poco va emergiendo al exterior.  Perfora la piel impermeable.  Luego, procede a comerse nuestra carne cruda, dejando que se pudra a merced del sol y el viento helado de invierno.  El agua no corre al interior para lavarnos el alma, sino que se desborda por nuestras ventanas azules, marrones o verdes, dónde el espíritu descubre el mundo de su alrededor.  Sucede a veces esto de padecer inundaciones, uno no debe desesperarse.  Toda tormenta pasa, seguida de un arco iris y de un bello silencio.  ¿Será que la paz ya ha llegado? Ni idea.  A veces ni yo misma lo sé, aunque no pueda dejar de preguntármelo constantemente hora tras hora.  Un arco iris no regenera el daño, pero sí que nos ilumina el rostro, enjuaga nuestras lágrimas y esteriliza grácilmente nuestro lagrimal.
Sientes que no puedes dejarlo.  No puedes abandonar esos terribles pensamientos que te acompañan como fieles confidentes y amigos.  Se sientan a tu alrededor, y entonces abren todos sus gruesos labios vocalizando suavemente.  Su aliento arde como el hierro incandescente.  Sus palabras son frías y profundas como sables.  Herido, pero no vencido, experimentas la razonable sensación de sucumbir a sus inquietantes revelaciones.  De pronto, se enlazan a tu cuerpo y, con esa voz tan inconfundible, te revelan que no hay nadie como tú, que nadie será capaz de comprenderte.  Esa cordura que a ti te falta, es justo tu condena a la soledad y tu redención a toda culpa, el perdón a tu mano que lanzó la piedra, en un espacio tiempo determinado y que, ahora puede que cortarías sin pensarlo.  Sin quererlo, algunos quedamos poseídos por los violentos abrazos y fabulaciones de la mente.  Ella fabula, ella maquina implacable, ella es más fértil que cualquier mujer, creando ese ente que nos come la carne y nos desborda las ventanas del espíritu.  Pero ella no es Dios, no puede controlarlo todo.  En nuestros huesos fuertes nos aguarda un arco iris.  ¿Será esto la paz? Ni idea.