dilluns, 14 de gener del 2013

Perdón

No respiras, el aliento atraca en los pulmones, consciente que no quiere y ni puede salir. Se amontona y se concentra en la salida, pero no puede liberarse porque tu no le dejas, porqué tu piensas es eso, y eso, justo eso, te reconcome como el mueble recién acabado devorado por las termitas.

Recuerdas ese sufrimiento y por un minuto te poseé como lo hacen los espíritus demoníacos a las almas inocentes. El subconsciente aguarda tanto o mucho más dolor del que imaginamos. Pero abandonarse a él no es todo lo que vale, todo lo que existe, hay alternativas más allá aunque nuestra pobre vista no las advierta.

Te sientes normal, hasta algo especial pensando en aquellas termitas que te destrozan como si fueras algo insignificante y lejano cuando, de golpe y porrazo, te preguntas si serías capaz de perdonar, si serías capaz de mirarle enteramente y reconciliarte con ese sufrimiento, esa soledad, esa fractura que cambió tu mundo. Mirar atrás rompe los hilos mal cosidos de las heridas que creías cicatrizadas. Eso evidencia la putrefacción de tu carne y el hedor que queda en el poso. El perdón podría ser algo parecido a un potente antiséptico que limpia tanto las recientes heridas como las más viejas, a medio camino de la podredumbre, que supuran pus maloliente, pero para ello hay que cortar y remover, oler el movimiento, sentir el desgarre, sufrirlo. Limpiar, vendar, reposar, esperar. ¿Te ves capaz de perdonar?

dimecres, 9 de gener del 2013

Elipsis del vacío sutil

Se hace extraño abrir la puerta y ser solamente tres. Ese día que te fuiste pude olerte aún. Pude chupar con la nariz tu vacío sutil. Si, lo he dicho bien, tu vacío sutil.


Y te preguntarás... ¿Por qué sutil? La ausencia, la sensación de perdida, es oscuridad y tanto más... tanto más que te atornilla el estomago re-volviéndotelo como un remolino, es la agridulce perpetradora de crímenes contra nuestra cordura. Por ella hemos hecho y desecho, gritado y suplicado, pero cuando es irremediable puede que el silencio tome el control de nuestra mente y nuestros actos.

No soy una mujer que eche mucho de menos, nunca lo he sido. Sin haber buscado, mi alma se desposó secretamente con la ignorancia y el olvido, y sin preguntar, se abandonó a su amor más de lo que te imaginas; llámale suerte o desgracia. Sin embargo, el fatídico día que te marchaste yo no estaba allí para ignorarte y olvidarte. La fragancia de tu vacío sutil me embriagó y me llenó el estómago de agua salada. No ver tu ojos, no ver tu cabello o tus abruptas palabras, algo que odio y desprecio, se amontonaron en mis oídos saturados de no oír tu voz, como un rollo de película en una cinta atascada.

No te echo de menos, ni tu tampoco a mi, lo sé, no me repliques, pero pienso en ti. Aun puedo olerte, aunque sea una fragancia de fondo, oculta entre las que me aturden diariamente. No te echo de menos. No pienso en ti, pero te respiro constantemente. Soy afortunada porque no tengo la oportunidad de atormentarme. Volverás.