dimecres, 29 de febrer del 2012

Ni héroes ni santos, sólo una flor




Hoy en mi vida ha nacido una flor amarilla o dorada, como yo la llamaría.  Tan dorada como el mismísimo sol de invierno.  El ambiente del aire es frío, pero así su calidez se triplica tanto como una caricia discreta en los momentos públicos de amargura.  Es una flor sencilla y bella que aprecio con todo mi corazón porque siempre he deseado en secreto ser como ella: radiante, ufana y especial sin contar con el opulento orgullo de la rosa o de la orquídea. 

Mira y mirará al sol sin cegarse.  No está loca por contemplarlo directamente al núcleo; sabe que lo necesita más que el oxígeno, que la verde clorofila.  La luz es su razón y su amante más secreta.  Su centro y esos pétalos simples de margarita persiguen entrelazarla para sentirla profundamente.  Persigue una ambición: ser astro también por su cuenta.  No para inflarse y deslumbrar, sino para llegar a él, ser su igual y consumar el amor imposible que la hace crecer alta y fuerte.  Ansia un tallo alto para rozarle tiernamente.  Conoce tanto la abundancia como la miseria de la tierra.  Ha sentido la nada dentro de su capullo justo antes de desperezarse y nacer, vivir es algo vertiginoso e intenso.  Está asustada, lo sabe, pero no teme al temor, es justo eso lo que la hace fuerte y noble.  

Ella entiende que la muerte la acecha como un amante obsesivo, que desea poseerla para siempre como si fuera casi un objeto pero, fiel al sentido de la vida que sus sentidos le han configurado, sigue avanzando en su misión secreta.  Esta sola, y siempre lo estará.  Nadie persigue ni consigue una ilusión idéntica por suerte o por desgracia: nuestra suerte, nuestro camino y todo lo que sepamos recoger de él será lo que tengamos.  

Lejos de dejarse apresar por la melancolía o de penetrar en su habitación vacía, ella busca alguna mecha de calidez para alimentar su propia existencia.  No es tarea fácil, ya lo sabemos.  Conversa con el lirio, discute con el roble, filosofa con el pequeño y avispado jazmín y hace el amor con el río.  Parece risueña.  Pero la saba que la nutre por dentro podría estar envenenada por… quién sabe el qué ¡Somos tan débiles y entregados a la infelicidad! Parece que el sufrimiento resignado nos proporcione esa catarsis extraordinaria a las tragedias universales, que la corriente nos arrastre y nos convierta en héroes desterrados, mártires indignos de la gloria, atractivos y fatales ángeles caídos de los cielos ¡qué más da! Ellos viven en nuestra mente batallando durante toda la eternidad, pero eso no significa que seamos como ellos ni que debamos serlo nunca.  La flor no es perfecta, y lo sabe, conoce a Hércules y a San Pedro y los ha tratado con cariño, pero no desea su amistad.  Cuando cae la noche y su amante huye de la solitaria luna ese corrillo de hombres extraordinarios conspiran contra ella, que soporta con paciencia de madre esas jugadas inútiles hasta que vuelva a llegar su amado rayo de sol.


dilluns, 20 de febrer del 2012

El vacío cósmico


Duerme, come, respira, ama, piensa… eso, piensa un poquito.  Repasa de arriba abajo esa vida que cualificas como tuya.  Ponla del revés y disecciónala como haría un cirujano experimentado.  Examina cada uno de sus órganos, siéntelos de tu propiedad advirtiendo que en el fondo viven autónomos sin que puedas controlarlos.  Padres, madres, amigos: ramificaciones que se unen a y por ti, un cabo más de la telaraña global que es el mundo real. 
 Puede que tengas una familia divina y un gran amor y que eso fluya en tu interior como un manantial subterráneo, que lo hayas conseguido apostando por luchar o por comprar una tupida cortina de tierno color pastel, y que eso te haga feliz.  Si, puede que sí, y que ese júbilo que experimentas te arrastre a mostrarlo a aquellos que erróneamente denominas “tuyos”.  A reír, llorar y por qué no, también a enfadarse.  Nuestra condena y nuestro alivio: compartir, un paraíso refinado y un poco diabólico.
Puede que algún día solitario mientras camines hacía tu casa, o estés montado en un tren o autobús sientas de golpe como se abre una discreta brecha en tu interior.  ¿De qué se trata? Tranquilo, puedes ignorarla y seguir existiendo, no pasa nada.  Puedes optar por contemplarla mientras la acaricias con los dedos mustios.  Seguro que ya la tenías antes de que la descubrieras.  Si lo deseas piensa en ella vehementemente ¿no notas como duele? Si, es la angustia, ese monstruo que te devora con sus agudos dientes, la incertidumbre.  Desespérate buscando un origen, un nombre, una cara.  Enfurécete lleno de rebeldía o abandónate a él.  Yo quise romperla con la maza de piedra.  Lo que encontré fue una estancia oscura y vacía.
Creo que ya la tenía cuando nací: esa oscuridad, esa habitación cerrada, ese aplastante silencio.  De nada sirve sentarme y llorar, pero a veces me dejo llevar.  Penetro en ella, me siento en su centro, encima las baldosas y escucho.  Es rígida y dictatorial, no me permite vestirla de luz, cubrirla de colores y regalarle una mesilla o un sofá.  Me cierra la boca como la presión de una grapadora a sus víctimas de papel.  Tampoco me habla.  Su silencio me chilla aprende.
Quería comprender, anhelaba conocer lo que estaba pasando y aun no lo sé.  Creo adivinar que hay una alcoba parecida en ti que también te hace sentir lo mismo; Ese querer impotente de llenar, soñar, y pintar realidades que nunca se realizarán.  Da igual lo que decidas, no importa que puedas hacer, porque por mucho que decores el alma siempre encontrarás esa habitación vacía.  Será que el universo, ese sobrio espacio callado, negruzco y universal decidió penetrar en el hombre y mostrarle la verdadera soledad. ¿Podría el vacío cósmico hacer del incompleto un hombre sabio?.  

dimarts, 14 de febrer del 2012

Quiero, amo (no busques sentido)


  •           Dime que me quieres

Quiero ese pantalón, ese bollo de crema de la pastelería.  Quiero a mi perro, gato o pajarraco que dormita en su cama sucia de adorable y apestoso olor a animal doméstico.  Lo llamaré por su nombre y él, salvaje, quizás acudirá a mi llamada dudosamente más educada que su incierta respuesta.  Digo, quiero a las dos personas que me dieron la vida.  No sé quién podría atreverse más que ellos a suplicarle al demonio por mi salvación.  Su sudor es tan valioso y fresco como la sangre caliente que nos cubre la carne trabajadora y dócil a las órdenes del tiránico cerebro.  Su aliento me reconforta y me acuna,acompañándome para siempre.

  •           Dime que me amas

Dímelo, chica sonriente.  Parece que me observes des de lejos, pero no estoy seguro.  El vacío a veces se encuentra tan sumamente cerca que uno puede palparlo para después sentirse tranquilo o llorar, pero nunca indiferente.  Niña linda, párate aquí y susúrramelo al oído.  No pasa nada si no es cierto.  Tienes una boca preciosa, y un alma extraña de meteorito ajeno a lo conocido.  Afirmo, que amo tu astillosidad irregular y ese dorado bruto y complejo que te viste.  Amo tus ojos cerrados y tu rictus de desprecio, tus palabras hirientes, tu risa musical y contagiosa, la poesía de tus abrazos, la ingenuidad que te cubre como un velo.  Amo la lluvia sin paraguas, el atardecer de los domingos,  la mousse de limón que recubre golosa las hojas de otoño y me las entrega suavemente, como un sencillo regalo inesperado.
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  •         Demuéstrame que me quieres


Escucha, luego habla.  Cuéntame que te sucede, mientras, solamente existirás tú.  Confiésame sin temor esa oscuridad que alberga en mí.  Acaríciame con tu puñal dulce, y yo te entregaré mi confiada piel.  Llévame contigo a los confines de tus secretos, de los más diáfanos a los más inmundos.  Soy tu jarra vacía, sin filtros, sin colores.  Hace tiempo que perdí mi puesto en el tribunal de eso que llamamos sociedad civilizada.
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  •      Demuéstrame que me amas


¿Es cierto mi amor? ¿Oyes como late eso que llamamos corazón, esa minúscula porción de nosotros mismos que hacemos dueña de todo afecto?  Chica risueña, no es eso.  Corazón vacío y loco, corazón veleta e inconstante que se acelera al menor impulso de una mirada fugaz cualquiera.  Chica rubita, ¿puedes amarme entregándote a otros ojos neutros y fugaces, otros brazos ansiosos a rodearte, otros pectorales hambrientos? Oh, mi corazón aspirante a amante ¡que vulnerable eres mi pequeño!  Qué fácil es corromperte con un gesto o un beso.   ¿Acaso te crees que ella será tuya?  Niña bonita, te lo suplico, no me engañes.  Si lo deseas siéntate a mi lado y elévate conmigo.  Te necesito entera o sin ti.  En mi mundo no existen los espíritus a medias.                                                                        

divendres, 3 de febrer del 2012

Cubo rubik


Quiero mirar bien tu rostro. Déjame verlo, por favor. Pareces
alguien perfecto, alguien lineal y puro como el cielo azul sin nubes o
como el amarillo violento de una margarita que suplica libertad a la
maceta que la apresa en algún balcón olvidado. Quiero mirar bien tu
alma mutable y juguetona, enigmática e infinita. ¿Cuántas
posibilidades caben para llegar a ti? Podría sentarme y divagar,
contemplar los colores que componen tu personalidad, ordenarlos y
escamparlos encima las losas frías de ese suelo que frecuentábamos
tantas veces cuando éramos unas crías. En esa época inocente
jugábamos, entrelazábamos dos mundos separados con dos simples
muñecas, con un vasito candoroso de plástico o cantando canciones de
un viejo casette. ¡Quién me lo iba a decir que hoy estaría en juego nada
menos que tu personalidad!
Somos mucho peor que un puzle inacabado, y tú eres mi mejor ejemplo.
Cuentan que eres como un cubo de rubik: multicolor como un mosaico,
pero también cuadriculada y compacta. Ansío comprenderte, no hay otro
anhelo que me urja tanto como este. Cuando creo que ya te vislumbro,
cuando por fin creo llegar al análisis final de por qué esa fogosidad,
y de repente por qué ese silencio, noto que algo se mueve, y todo
recobra otro sentido. Una mano que desconozco ha desordenado tu
tonalidad inamovible para mí. De nada servirá que mis dedos toquen tu
rojiza amapola, tu verde flúor, ese blanco tuyo cegador. Que te
voltee una y otra vez con mis actos, mis preguntas, mi intento de
conversación para intentar recomponerte, y hallar la paz entre el
caos. ¿Es que existe otra de tus mil caras que nunca te has atrevido
a mostrarme, amor? Tómate tu tiempo, seré paciente. ¿Lo adivinas? El
monocroma nunca ha sido mi objetivo, ni tampoco la fórmula de la
victoria. No me agobiaré por ello. En este juego de normas etéreas
el título de perdedor no existe. Has de entender que no pretendo
ganar, si lo intentara sería como probar de sentir rugosidad del
viento.