diumenge, 23 d’abril del 2017

Olla de hojalata

Te encontré, después de diez años, o quizás fue al revés. Fuiste tú el que me distinguiste y me buscaste. Entonces, dejaste señas para que siguiera el rastro. No sé si tu objetivo es que pareciera que la impulsora fuera yo. No, lo dudo, aunque quién sabe. Mi llamarada traspasó el cielo y allí estuviste tú, a tiempo para recorrerlo.

Diez años. Algo quedó pendiente sin cocer, el ingrediente definitivo para encender la olla del caldo. Siempre ha estado en el fogón, templada, sin moverse ni hervir, esperando el momento de ser servida, degustada, odiada o admirada, de ser consumada hasta la última gota. Eso eres tú, el caldero de hojalata que nunca se llegó a vaciar. Ahí sigues y ahí sigo yo. Te abro la tapa, cierro los ojos y te huelo.  No tienes mal presagio, me digo. Coge la cuchara de palo, me vuelvo a decir y prueba la sopa ahora que está a la temperatura adecuada. Sólo un poquito, un mililitro, antes que se caiga al suelo o empiece a hervir. 

dissabte, 22 d’abril del 2017

Sangre libre

Hoy sangro por goteo. Escribo, y la vena se tapona dejando un espacio de cabezal de aguja. La sangre corre por el suelo, igual que el tiempo. La arena del reloj se esparce y se tiñe de su vívido sabor. Quisiera hacer más, hacerlo desmesurado, pero tengo que mirar y oler el aroma oxigenado de los glóbulos rojos. Quisiera ser capaz, debo ser capaz, pero es una ardua tarea el centrarse. Nunca aprendí a ir en línea recta ni a no extraviarme en los parajes incorrectos.
Suerte de aquellos que me prestan la fuerza para sacar las tripas y el brazo derecho. Hurgo y re-hurgo entre la maleza y rasco y cavo con las uñas. He perdido demasiadas vueltas del reloj solar y temo que la tarde arrastre a las sombras de los árboles lo que pudiera haber sido.

He guardado demasiada sangre sucia y costras sobre las heridas. No es natural ni saludable. Puede que el motor que las conserva sea el dolor sin grito y que la sangre nueva que corre libre manchando el tiempo sea su más noble eco.  

Sin novedad

Dicen que soy honesta, pero ¡cuánto cuesta decir la verdad! Omisión, algo que no tengo claro si clasificarlo como mentira, estrategia para escabullirse del juicio o al recurso de la inventiva que suplanta la realidad. Estos días transcurren sin novedades… y el tiempo pasa en línea recta mientras que en la vuelta de cada esquina, que en teoría dejarás atrás, se suceden millares de interrogantes sobre con qué vas a topar por esta vez. Eso escapa de nuestras previsiones. Sorpresa. 

dimarts, 18 d’abril del 2017

Elsa y Miguel

Contemplaba la caja de madera oscura, las letras brillantes, las demás tumbas a su alrededor. Ya está, papá, aquí te han metido, en un sarcófago de dos metros, al lado de los demás. Después de tanto sufrir, de tanta carga, ese era el fin. Él se iba, pero Miguel se quedaba allí contemplando un reflejo que ya no está, un agua que había perdido su capacidad de espejo. ¿Quién había ahora al otro lado? Nadie. No estaba el padre terrible que fue ni el papá reformado para salvarle. Entonces... ¿Qué? Un hombre joven a la deriva.

Miguel gastó los aullidos y la lluvia que le quedaban dentro hasta que su interior se ajó por completo. Sus ojos de río no conservaban su color. La arenilla marrón del fondo había emergido seca a la superficie formando un desierto.

Elsa y Miguel. Fragmento. Libro en construcción.

dilluns, 17 d’abril del 2017

Sin alma

No hay nada que me horrorice más que un texto sin alma. Nos obcecamos tanto en la forma que perdemos lo esencial, el sentido que emana del interior y que se revela en las palabras sucias sin refinar como la saba de los árboles o el diamante salvaje encontrado en la naturaleza.

Me da miedo parir zombies y niños muertos de belleza artificial, redondos y perfectos como una muñeca de serie. Que los ojeen y digan ah, interesante, y nada más. Que su espíritu siga inalterable mirando hacia la misma dirección y pasen de largo.  

Atrapado

No sé escribir bien sobre mí, está prohibido. Nunca hay nada que sea importante, imprescindible. No puedo escribir sobre mí, me da miedo que no valga la pena, que no sea interesante, que no sea suficiente, que no sea excelente. Que el hilo conductor que ansío desembrollar esté mal confeccionado.

Y sin embargo el silencio a veces me atormenta. Hay algo que quiere salir, pero todavía no sabe cómo. Está atrapado en una jaula como si fuera un pájaro cautivo que ansía volar de su jaula de oro. Escucho la vibración del preciado metal ante el golpe de socorro y me hace llorar en ocasiones porque todavía no sé cómo ayudarle. Todavía no sé cómo ser libre del todo. 

dimecres, 12 d’abril del 2017

Asesinato

Con sólo una hoja puedes descuartizar a tus enemigos, dejarlos sin órganos ni argumentos, hacerles daño y sufrir. Tus enemigos sobre el papel serán vulnerables para siempre y quedarán atrapados en tus líneas. Es tu adversario dentro de ti, disfrútalo hasta la muerte, hasta tu desfallecimiento o hasta que tus dedos no puedan volver a escribir. Puedo ser agresiva mientras lo hago, puedo darme el permiso. Mi bolígrafo está afilado y el tubo de tinta cada vez se agota más, pero no menos viciado de presentar batalla. Siempre me será fiel mientras pueda grabar su estela en la piedra.


Matar no es como acción única mostrar escribiendo, también la que hace el valiente de leerte. Algunos garabatos duelen más que una corona de espinas. No fue la cruz lo que asesinó a Jesús, sino las calumnias y habladurías. Con una pluma y una superficie plana puedes ejecutar y morir y seguir viviendo sin que el alter ego tenga que resucitar necesariamente a los tres días. Que alguien me lea y quién sea el que ofenda expirará y padecerá. Expirará y padecerá cientos de veces, tantas como se reviva en el imaginario del que reciba mis letras. La víctima del atentado puede quedar bajo secreto de sumario y, sin embargo, para el asesino expuesto es terapéutico. 

dimarts, 11 d’abril del 2017

Labios

Te cuelas en el agujero de mis pantalones y me masturbas. Te cuelas y me masturbas y yo no puedo hacer nada. Me gusta demasiado sentirte en el trozo de carne que guardo con más celo e intimidad. Me gusta demasiado porque lo haces complacido y por complacer, no para colgarte medallas de buen amante. Lo haces porque me gustas y te gusto, lo haces porque estoy más que loca por ti, porque estoy pirada de tu alma, tus dedos y nuestra sexualidad enigmática.

Te has colado con mi permiso y me tocas con calidez. Tus dedos están fríos y tus ojos ardientes. Tus labios están tan húmedos de besarme como los míos. Todos. Todos los labios flamean y aguardan a que los hagas llegar hasta el final y el inicio después de los temblores y el sudor. El interruptor del tiempo y el espacio se encuentra en la entrepierna, que no nos engañen. Está en la entrepierna y tú eres el impulsor principal, el que inicia el juego, el que pauta las eras y los ciclos, las épocas, los ritmos.  

Y este escrito aun leerlo sucio, no habla de sexo, quien conoce el secreto comprenderá la única verdad. Te colaste y me masturbaste y desapareciste y te olvidaste de encender la luz. Ahora no hay tiempo ni lugar y mis labios están secos y vacíos. Nada más.  

Carroñeros

Te tengo delante y no puedo evitar odiarte, tenerte manía. Sé que no está bien, pero mejor una rabia manifiesta que reprimida afirmando que paso de todo. Siempre intentas quitarme lo que es mío y no lo entiendo. Allí donde estoy, allí donde disfruto y sonrío te encuentro suplantándome al día siguiente sentado, riendo fuerte y haciéndote el graciosillo. He visto como corres para colocarte en mi sitio y como callas y bajas la mirada cuando retorno allí, donde me toca. Vuelve a donde procedes, gusano.

Duele cuando usurpan lo que te pertenece. Rabias cuando te separan del lugar que te ha traído afecto y no me vale que me repliquen que si te olvidan no valía la pena. La fractura sigue fraguándose y ardiendo. Me gustaría verte a ti, como sobrellevas a los impostores y los buitres que sobrevuelan lo que tienes para quitártelo y como se muestran con ello hinchando el pecho.

Me marcharé a otro lado. Sólo los carroñeros comen de aquello que ya se ha tocado.      

diumenge, 9 d’abril del 2017

Escondite

Hoy tus ojos amables me han hablado. No te conozco de nada y me has ofrecido algo del escaparate de donde trabajas. Un dulce, por acechar y preguntarte. Como siempre, no te he podido ni mirar. No te me acerques, te lo ruego. No hay sitio para expresiones complacientes, el silencio ocupa mucho espacio en mi armario y tus ojos ovalados como bombones me intimidan demasiado. Sólo has querido ser afable, lo sé, es un pensamiento sin películas. A la gente le da igual, ni se lo plantea, pero a mí se me queda un regusto a reflujo en el estómago. Me tengo que marchar, no seas cordial, déjame sola, respirar. Como tantos que se me dirigen como peonzas educadas, tienes una sonrisa que necesito que me ofrezcas desde el otro lado de la valla, donde nunca me puedas alcanzar.

Puede ser verdad. Puede ser que me de miedo la gente y la luz de sus dos soles oculares. En la oscuridad se vive más resguardado. Si sigues el compás de la melodía nadie puede saber de tus errores o si sufres arritmia. Mi alma se regocija de esta seguridad, pero a veces implora que algún ojo sea impermeable a la noche y, entre las ilusiones que crea la luna, me reconozca. 

dijous, 6 d’abril del 2017

Luz y tormenta

Tú buscas luz y yo apagar tormentas. No eres oscuro, sólo estás nublado. Este tiempo de ocho años he intentado traspasarte para que brilles. Eso no es salvar porque no es tu destello el que ilumina. Todo es una farsa, un espejismo que no nos sirve para nada. Me olvidé de alumbrar los alrededores por obsesionarme en un solo punto. Mientras, tú todavía sigues lloviendo sin tregua ni calma, ciego y sin posibilidades de transformarte en estrella.


Y todo esto fue nuestra triste historia de final abrupto. Una llama forastera no puede diluir unas nubes rabiosas que desprecian la calma y que temen descubrir su más sincera desgracia. Y aunque no me quieras creer, te digo que no me necesitas para nada. Desde tu ciclo de agua también hay una ilusión. Por mucho que diluvies, tu centro es otro sol. 

dimarts, 4 d’abril del 2017

Huesos

He repicado los dedos sobre la palma de mi mano y su ruido era seco, de masa huesuda hueca por dentro. Me ha venido a la cabeza la danza de la muerte con su círculo de esqueletos, trotando y rodeando un fuego rojo, naranja y amarillo.  Esta es la parte última de mi cuerpo, la materia orgánica anterior a las partículas del polvo.

Soy un montón de huesos pelados por el hielo, el fuego y las inclemencias de los fenómenos atmosféricos. Déjame sentir sobre la carne blanda y blanca que todavía conservo. Déjame, calla y baila todas las danzas que no puedas bautizar con palabras. El placer se acaba y su poso se grava en el calcio. El viento, los años quitan peso y lo que creías impreso se desvanece. Tu estructura ósea es más ligera, pero resiste, ante todo. Tu rostro ya tiene arrugas, pero el fémur se mantiene erguido para que no decaigas en la vejez y te arrodilles ante el sufrimiento y el hades.

La carne es voluptuosa y volátil, suave y sensual. Se deshace en la boca y en la violencia, en el sexo y en el tiempo. Agarras y la desgarras. Desplomas, perforas, comes, tragas. El hueso aguanta toda la carga que le eches. Permanece, sobrevive décadas como los anillos de los árboles y sin embargo no lo buscas para alimentarte. El hueso es deshecho y el pilar básico que nos construye.    

dissabte, 1 d’abril del 2017

Campo de zanahorias

A veces una peca de demasiado sola, demasiado extranjera, demasiado lejana y temerosa de contacto con las figuras que te saludan. De momento, las cosas son así, la letra pequeña de la libertad pactada o más bien agarrada a la desesperada.

Soy como un campo de zanahorias profanado. Se llevaron de aquí mis zanahorias de cabello naranja. Arrancaron algo más que una raíz apegada a la tierra. Hay socavones en mi huerto. Un cráter, un vacío infernal que se llena, pero no se llena. El espacio y el tiempo, la acción y la actividad son mi yo en puro estado, pero no la emoción, pero no la pena, pero no el amor. Se han llevado la cosecha de este año. Hay cráteres y vacíos que no se llenan y que no tienen nombre, ni de hombre ni de mujer. Podría plantar otra cosa, pero tendría que perforar con más crueldad, hacer más estropicio interno y luego pagar el atrevimiento de destrozar todavía más el paisaje.  

Todavía no puedo cuidar de las raíces finas. Lo prometo. No es que no aprenda, no es que no sepa, es porque ahora no siento nada, sólo extensiones de agujeros e hileras de zanahorias arrancadas.