A veces no sólo la vida me sorprende para mal. No sólo vivimos de la mano del dolor. En el sendero de la vida, la intensidad no se mide por la tragedia o por la lágrima fácil, sino por la casi imposible obertura del corazón, vulnerable por naturaleza, pero extraordinariamente vivo.
Creo que una persona no debe querer necesitar poco. No sentir. Experimentar el amargo como el dulce, la risa como la lágrima. Mirar todas las tonalidades del universo en silencio, sin renunciar a ninguna. Si, controlando el torrente, si, manejándolo, pero no negándolo. Puedes escoger la contracorriente, es una digna opción de vida, pero siéntela como tuya. Siente esa resistencia a dejarte fluir tan natural como el agua que en vano quiere arrastrarte. Atrévete a seguir tu propia y personal corriente.
Doy gracias a Dios por ser como aquella fruta que vive expuesta a que una agradables manos la recojan, a que los afilados picos de los pájaros la atraviesen sin piedad o que, olvidada de todo, caiga al suelo.
:-)
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