Somos carroñeros del rayo. Estamos hechos de materia oscura, es por ello
que cuando vemos luz nos volvemos locos y posesivos. Nos creemos pequeños y
esta pequeñez nos fuerza a destacar. Aquí es donde entra la operación fallida.
Nuestra negrura no puede tragar la llama. Ella es quién deja nuestros
vicios en lugar vulnerable, desnudos como Dios o el Demonio, qué más da, los
trajo al mundo.
Me siento mal ante el robo y me siento mal cuando lo hago yo. Hacemos esto
cuando estamos ciegos y cuando somos ignorantes de nuestro potencial humano.
Quiero la belleza de esa mujer, la inteligencia de mi amigo, la atención que
recibe mi hermano mayor o la sociabilidad de la popular del instituto.
Entonces, viene el momento de inventar defectos ajenos para tapar los
nuestros. Nuestras envidias, nuestra ponzoña. Nos sentimos mal y tomamos
analgésicos de crítica y ya está, solucionado, cuando nuestra enfermedad no ha
hecho más que comenzar. Hay que ser honesto para ser valiente o puede que al
revés. No sé si es importante descubrir si el huevo fue antes que la gallina.
Lo que importa son los hechos, las heridas y el vacío que una llega a dejar
cuando se convierte en vampiro de auras brillantes. Todos lo hemos sido alguna
vez y todos hemos llorado por perder esa estela que nos hacía diferentes,
risueños e inocentes. Es por ello que nos sentimos atraídos por los cuerpos incandescentes como las polillas a una bombilla amarilla,
porque recordamos cuando fuimos el alba y el mediodía. Quedó lejos el momento
de la puesta de sol para nuestra memoria.
Leo tu operación fallida y no sé, pero creo que primero viene la valentía, la de ser honesto con uno mismo, la de reconocer la oscuridad que en mayor o menor medida todos llevamos dentro. Tal vez ambas vayan a la par. Se necesita valor y honestidad para aceptar esa materia oscura, para aceptarla, abrazarla y convivir con ella, ya sea siguiendo sus designios o tratando de iluminarla. Tal vez la operación fallida sea el principio, la puerta hacia una búsqueda más profunda de la oscuridad, una hecha de tinta, llena de palabras que están esperando a ser alumbradas.
ResponEliminaTe sigo leyendo.