Una diosa es libre, única e irrepetible por naturaleza. Siendo tan distinta, posee un poder creativo inagotable. Es capaz de construir y destruir cualquier cosa de su alrededor sólo con un sencillo deseo o pensamiento. Sus metas secretas se entrecruzan con las de los demás; y es eso, al mismo tiempo, lo que la hace sentir una pequeña partícula igual a ellos; pocas veces es consciente de su exotismo y valía infinita.
Una diosa no tiene principio ni fin; se encuentra literalmente encima de todo mal. Es brava y aventurera. Puede sentir miedo, ser profundamente recelosa, pero eso nunca la detendrá. Luchará contra esos espectros frente a frente, con el alma desnuda. Puede perder batallas, pero nunca la guerra.
La dignidad de la diosa no tiene límites. Su fulgor resplandeciente deslumbra los ojos sucios volviéndolos débiles. Ella está por encima de todo mal. Pueden hacerla llorar y herirla profundamente, pero su fortaleza no cederá: permanecerá altiva mirando al frente. No se sumergirá en las profundidades de la escoria buscando venganza, porque los fines a los que aspira son mucho más valiosos y místicos: su presente felicidad, el aprender a disfrutar de la vida es lo que importa. Está llena de afecto y amor, no de rencor. No se detendrá a lastimarte ni a compadecerte. ¡No hay tiempo para ello! Los momentos se escurren como el agua en nuestros dedos.
Y como esta agua pura y cristalina, la diosa podría escabullirse de las toscas manos que anhelan aprisionarla. Pero es una Valquiria luchadora de mano firme y contundente porque, inteligente como Atenea, sabe juzgar, ser juzgada, acatar los castigos y celebrar las victorias. No esconde la verdad. No da explicaciones. No responde ante nadie, aunque sepa a lo que se expone. Plasma lo que siente con valor y justicia, ajena a las almas que fríamente la observan. Su luz alumbra las tinieblas. No existen los senderos: la diosa camina inmune entre las zarzas. No necesita que nadie tome su mano y la guíe. Como el río que va a parar a la mar, ella sabe que su luz divina algún día se fundirá con las estrellas. Pero, al fin y al cabo, seguirá siendo inmortal.
Perquè cada dia és un nou dia per gaudir i per lluitar per allò que volem... la felicitat. Perquè en uns instant som capaces de sentir milions de coses, perquè cada dia tenim milions de noves metes, perquè ballem al ritme de la vida i la vivim dia a dia i sobretot... perquè res ens detindrà mai!
ResponEliminaNuestra luz alumbra las tinieblas... :)
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