divendres, 7 de maig del 2010

Querida Felicidad II

Querida Felicidad:

Antes, podría haber dicho que te perdí. No para siempre, pero sí durante una larga temporada indefinida; un periodo agonizante que se te atraganta en la faringe y no te deja respirar. No deja respirar y, ahogado, buscas desesperadamente un poco de aire; agarrar una muesca de oxígeno de la ligera brisa primaveral.

¿Por qué resultará siempre que te invoco está lloviendo? La lluvia no debería ser sinónimo de tristeza ya que de ella se genera la vida. De hecho, a mi personalmente me genera un estado tremendamente melancólico, quizás también un poco lírico, poético. Ahí, secretamente, es dónde tú emerges de todas las cosas: te vuelves viento y frescor para mi piel bendecida por el rubor de la juventud y alimento para mi mente inquieta. ¡Amo esta sensación de compañía perenne que me ofreces! Antes, no estaba preparada para recibirte plenamente, con el corazón abierto a lo que tu me querías mostrar. Éste, receloso, a veces cierra las puertas dudoso y convencido que no debe ser amado pero: ¿Por qué? ¿Es el amor algo frágil y volátil como quiso alguien que creyera? Somos criaturas en el fondo. En el fondo, por el miedo al rechazo, escondemos estas ganas de sentir. Recuerdo en mi infancia la búsqueda de ese amor incondicional y sincero, la aprobación del mayor y ese cálido brillo de ojos: - Tú, sí, tú: eres muy importante para mí. Si, es verdad y no puedo esconderlo durante más tiempo. Te quiero demasiado.

¿He perdido el tiempo imaginando un desconocido amándome con locura? He perdido aún más horas esperando esta dulce premonición. Cerrando los ojos me es posible ser feliz, pero al abrirlos el espejismo no se traduce a la realidad. ¿Es el destino quién me persigue para regalarme mis sueños o al contrario, soy yo la que persigue al porvenir? Ansiada Felicidad, tu eres mi verdadero amor, y sé que como el amante nostálgico, a veces te encierras en tu mundo de delicadas metáforas. Estarías tan ocupada maravillándote de tu imaginación, que sé que te olvidarías de llamarme.

Yo soy tu príncipe, tu eres mi princesa. Debo surcar el mar y atravesar el desierto seco. Adentrarme en el bosque y luego matar al dragón para poder conquistarte y rescatarte de tu largo sueño, de tus bellas metáforas: la hoja que cae mecida por el viento, el rocío de la hierba, la sangre del anochecer... ¿un tembloroso beso de amor bastaría? Querida felicidad, si al abrir los ojos por primera vez me contemplaras con ardor, todo mi interior estaría embelesado eternamente. Sería incapaz de abandonarte. Me volvería hoja, rocío, sangre de cielo. Quiero algo vulnerable que guardar en mi pecho; perdurable y sutil, exento de volatilidad.

Entiendo que tu no te despertarás por mi. Seguirás vagando en tu mundo mágico pero esto para mi no será motivo de lágrimas. Tu lecho es ancho, y tus sábanas de seda. Hará calor. Me desnudaré lentamente y me adentraré en tu cama sin despertarte, sin molestarte: a tu lado. Te besaré levemente en tus labios de nube. Posaré las manos en tu fina cintura y te acariciaré con las yemas de los dedos hasta que me duerma como un niño.

Querida felicidad, ¿me permites que invente junto a ti? eres tu quién realmente me ha rescatado.

1 comentari:

  1. Tot i que a vegades la perdem sempre acaba tornant i a vegades, curiosament, resideix en les petites coses.

    Una d'aquestes petites (grans!) coses per mi ets tu, i m'encanta compartit la felicitat juntes :)
    un petonet guapa!

    p.d. m'encanta que hagis tornat a escriure!

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