divendres, 3 de febrer del 2012

Cubo rubik


Quiero mirar bien tu rostro. Déjame verlo, por favor. Pareces
alguien perfecto, alguien lineal y puro como el cielo azul sin nubes o
como el amarillo violento de una margarita que suplica libertad a la
maceta que la apresa en algún balcón olvidado. Quiero mirar bien tu
alma mutable y juguetona, enigmática e infinita. ¿Cuántas
posibilidades caben para llegar a ti? Podría sentarme y divagar,
contemplar los colores que componen tu personalidad, ordenarlos y
escamparlos encima las losas frías de ese suelo que frecuentábamos
tantas veces cuando éramos unas crías. En esa época inocente
jugábamos, entrelazábamos dos mundos separados con dos simples
muñecas, con un vasito candoroso de plástico o cantando canciones de
un viejo casette. ¡Quién me lo iba a decir que hoy estaría en juego nada
menos que tu personalidad!
Somos mucho peor que un puzle inacabado, y tú eres mi mejor ejemplo.
Cuentan que eres como un cubo de rubik: multicolor como un mosaico,
pero también cuadriculada y compacta. Ansío comprenderte, no hay otro
anhelo que me urja tanto como este. Cuando creo que ya te vislumbro,
cuando por fin creo llegar al análisis final de por qué esa fogosidad,
y de repente por qué ese silencio, noto que algo se mueve, y todo
recobra otro sentido. Una mano que desconozco ha desordenado tu
tonalidad inamovible para mí. De nada servirá que mis dedos toquen tu
rojiza amapola, tu verde flúor, ese blanco tuyo cegador. Que te
voltee una y otra vez con mis actos, mis preguntas, mi intento de
conversación para intentar recomponerte, y hallar la paz entre el
caos. ¿Es que existe otra de tus mil caras que nunca te has atrevido
a mostrarme, amor? Tómate tu tiempo, seré paciente. ¿Lo adivinas? El
monocroma nunca ha sido mi objetivo, ni tampoco la fórmula de la
victoria. No me agobiaré por ello. En este juego de normas etéreas
el título de perdedor no existe. Has de entender que no pretendo
ganar, si lo intentara sería como probar de sentir rugosidad del
viento.

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