- Dime que me quieres
Quiero ese pantalón, ese bollo de crema de la pastelería. Quiero a mi perro, gato o pajarraco que dormita
en su cama sucia de adorable y apestoso olor a animal doméstico. Lo llamaré por su nombre y él, salvaje, quizás
acudirá a mi llamada dudosamente más educada que su incierta respuesta. Digo, quiero a las dos personas que me dieron
la vida. No sé quién podría atreverse
más que ellos a suplicarle al demonio por mi salvación. Su sudor es tan valioso y fresco como la
sangre caliente que nos cubre la carne trabajadora y dócil a las órdenes del
tiránico cerebro. Su aliento me
reconforta y me acuna,acompañándome para siempre.
- Dime que me amas
Dímelo, chica sonriente. Parece que
me observes des de lejos, pero no estoy seguro. El vacío a veces se encuentra tan sumamente
cerca que uno puede palparlo para después sentirse tranquilo o llorar, pero
nunca indiferente. Niña linda, párate
aquí y susúrramelo al oído. No pasa nada
si no es cierto. Tienes una boca preciosa,
y un alma extraña de meteorito ajeno a lo conocido. Afirmo, que amo tu astillosidad irregular y
ese dorado bruto y complejo que te viste.
Amo tus ojos cerrados y tu rictus de desprecio, tus palabras hirientes,
tu risa musical y contagiosa, la poesía de tus abrazos, la ingenuidad que te
cubre como un velo. Amo la lluvia sin
paraguas, el atardecer de los domingos, la
mousse de limón que recubre golosa las hojas de otoño y me las entrega
suavemente, como un sencillo regalo inesperado.
-
- Demuéstrame que me quieres
Escucha, luego habla. Cuéntame que te sucede, mientras, solamente existirás tú. Confiésame sin temor esa oscuridad que alberga en mí. Acaríciame con tu puñal dulce, y yo te entregaré mi confiada piel. Llévame contigo a los confines de tus secretos, de los más diáfanos a los más inmundos. Soy tu jarra vacía, sin filtros, sin colores. Hace tiempo que perdí mi puesto en el tribunal de eso que llamamos sociedad civilizada.
-
- Demuéstrame que me amas
¿Es cierto
mi amor? ¿Oyes como late eso que llamamos corazón, esa minúscula porción de nosotros mismos que hacemos dueña de todo afecto? Chica risueña, no es eso. Corazón vacío y loco, corazón veleta e
inconstante que se acelera al menor impulso de una mirada fugaz cualquiera. Chica rubita, ¿puedes amarme entregándote a
otros ojos neutros y fugaces, otros brazos ansiosos a rodearte, otros pectorales hambrientos? Oh, mi corazón aspirante a amante ¡que
vulnerable eres mi pequeño! Qué fácil es
corromperte con un gesto o un beso. ¿Acaso te crees que ella será tuya? Niña bonita, te lo suplico, no me engañes. Si lo deseas siéntate a mi lado y elévate
conmigo. Te necesito entera o sin ti. En mi mundo no existen los espíritus a
medias.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada