La agresividad cuando no se ejerce sobre nadie puede ser un grito de vida. Un
grito que ansía ser escuchado y llamado a reconocer la propia fuerza que se
manifiesta o quiere hacerlo. Agresividad puede ser aquella energía que empuja
para poder salir a la luz. Una parte de ti se asfixia y sueña con el aire y
respirarlo, pero tú por miedo no se lo permites. La gran dama de hierro cuando
está sana sólo es eso, un clamo a la vida, un canto a la libertad.
Atrévete a dejarla marchar o desatasca tu inconsciente y destapa lo que
anhela ser descubierto. De este chorro potente emana el poder, la nobleza, la
fortaleza.
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