dijous, 8 de juny del 2017

Serpiente

La serpiente no era mala, solo debía mudar su piel, desprenderse de esa costra mortecina y centellear como una salamandra escurridiza en el agua. Mostrar sus bellas escamas rojas llenas de ponzoña.

Porque es bonita a la vista, pero no la podemos tocar. La serpiente nueva atesora su libertad y nobleza desde las glándulas hasta la mandíbula. Quien la importuna o la asusta sufre las consecuencias hasta el final.

Brilla, todo el mundo la mira, pero nadie osa atraparla, domesticarla. Quizás la querrán matar, pero nadie me negará los riesgos que conlleva meterse con ella.

Si en estos momentos fuera serpiente, todavía conservaría la piel vieja a la espera que la muda me devolviera la grandeza interna que creía extraviada. Con paciencia todo vuelve. Aun los peligros y la soledad, a veces querría parecerme un poco a ella.  

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