Bésame y muérdeme hasta hacerme sangrar, pero por favor, no me ames. Prefiero que me odies durante el día y que me
folles todas las noches. No preguntes, sólo
hazlo. No sueño con tus manos, ni con tu
pelo ni con tu sonrisa, quiero tu sexo y tu piel de terciopelo en contacto con
la mía. Tengo mucha, mucha sed. Tú puedes darme lo que podría darme
cualquiera. No te preocupes, soy
consciente de mi mundana e insignificante condición, de la vulgaridad que todo
ser humano podría encontrar tanto en mí como en todas las demás: dedos largos, boca
fina, pechos, caderas, placeres e incansable vaivén. ¡Aunque sea probable que me veas como un
cuerpo sin rostro, aprovéchate ahora que puedes! Tienes permiso para adentrarte
en mi dulce desierto, está abierto a acoger al viajero cansado, al luchador desanimado,
al artista melancólico y desesperanzado.
Hace calor, pero los rayos no te abrasarán implacables. La brisa soplará y si caminas un poquito
encontrarás palmeras centinelas de aguas cristalinas; algunas piezas de mosaico
de los oasis modestos e dispersos como archipiélagos donde podrás refugiarte de mi presencia. Sí, es una metáfora facilona para decirte que
no me incomoda que te duermas dándome la espalda, que me gustan tus silencios,
tú falta de explicaciones y preguntas, tu actitud ambigua y esa vida a medias
que me explicas a tu manera, como un cuento.
Si esos fantasmas que te persiguen desaparecen mientras estás conmigo
significa que nuestra carnal simbiosis funciona. Es así como nos necesitamos, eso pienso a
veces. Otras pienso en amar los brazos que
me rodean en el mismo momento que sucede para no caer luego en el olvido.
Otras, pienso en los tuyos abrazándome para siempre y otras sencillamente me siento estúpida y
sucia por el mero hecho de desear que tu espectro vuelva a refugiarse en mi desierto. Es absurdo, pero tranquilo, no pasa nada, lo
soportaré. Límpiame con tu polvo, que
mañana me volveré a ensuciar. Entonces,
te buscaré de nuevo para volverte a tocar y que tu saliva me purifique otra vez. Soy tu mundana sin rostro, la caminante
cansada, desanimada y desesperanzada. Dame
calor.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada