Con sólo una hoja puedes descuartizar a tus enemigos, dejarlos sin órganos ni
argumentos, hacerles daño y sufrir. Tus enemigos sobre el papel serán
vulnerables para siempre y quedarán atrapados en tus líneas. Es tu adversario
dentro de ti, disfrútalo hasta la muerte, hasta tu desfallecimiento o hasta que
tus dedos no puedan volver a escribir. Puedo ser agresiva mientras lo hago,
puedo darme el permiso. Mi bolígrafo está afilado y el tubo de tinta cada vez
se agota más, pero no menos viciado de presentar batalla. Siempre me será fiel
mientras pueda grabar su estela en la piedra.
Matar no es como acción única mostrar escribiendo, también la que hace el
valiente de leerte. Algunos garabatos duelen más que una corona de espinas. No fue
la cruz lo que asesinó a Jesús, sino las calumnias y habladurías. Con una pluma
y una superficie plana puedes ejecutar y morir y seguir viviendo sin que el
alter ego tenga que resucitar necesariamente a los tres días. Que alguien me lea
y quién sea el que ofenda expirará y padecerá. Expirará y padecerá cientos de
veces, tantas como se reviva en el imaginario del que reciba mis letras. La
víctima del atentado puede quedar bajo secreto de sumario y, sin embargo, para
el asesino expuesto es terapéutico.
Por momentos me he sentido cómplice del asesinato brutal y despiadado de un desconocido, pero también, como el asesinado por tus palabras de manera atroz.
ResponEliminaÚltimamente estás muy prolífica, rabiosamente exuberante con las teclas... gracias. Hoy he leído esto y me ha recordado a ti: "Creo que lo más importante a la hora de escribir es pensar que algún lector necesitado espera con ansias ese texto. Comencé a escribir pensando en lo que quería leer. Si mantienes esa premisa, quieras o no, serás honesto", es de Susan Sontag.
¡No conocía la cita, gracias! Tu comentario me recuerda justo en lo que me ha dado por pensar hoy, los textos y aquella pequeña diferencia que les da alma a algunos si y otros no.
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