dimarts, 11 d’abril del 2017

Labios

Te cuelas en el agujero de mis pantalones y me masturbas. Te cuelas y me masturbas y yo no puedo hacer nada. Me gusta demasiado sentirte en el trozo de carne que guardo con más celo e intimidad. Me gusta demasiado porque lo haces complacido y por complacer, no para colgarte medallas de buen amante. Lo haces porque me gustas y te gusto, lo haces porque estoy más que loca por ti, porque estoy pirada de tu alma, tus dedos y nuestra sexualidad enigmática.

Te has colado con mi permiso y me tocas con calidez. Tus dedos están fríos y tus ojos ardientes. Tus labios están tan húmedos de besarme como los míos. Todos. Todos los labios flamean y aguardan a que los hagas llegar hasta el final y el inicio después de los temblores y el sudor. El interruptor del tiempo y el espacio se encuentra en la entrepierna, que no nos engañen. Está en la entrepierna y tú eres el impulsor principal, el que inicia el juego, el que pauta las eras y los ciclos, las épocas, los ritmos.  

Y este escrito aun leerlo sucio, no habla de sexo, quien conoce el secreto comprenderá la única verdad. Te colaste y me masturbaste y desapareciste y te olvidaste de encender la luz. Ahora no hay tiempo ni lugar y mis labios están secos y vacíos. Nada más.  

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