Te cuelas en el agujero de mis pantalones y me masturbas. Te cuelas y me
masturbas y yo no puedo hacer nada. Me gusta demasiado sentirte en el trozo de
carne que guardo con más celo e intimidad. Me gusta demasiado porque lo haces
complacido y por complacer, no para colgarte medallas de buen amante. Lo haces
porque me gustas y te gusto, lo haces porque estoy más que loca por ti, porque
estoy pirada de tu alma, tus dedos y nuestra sexualidad enigmática.
Te has colado con mi permiso y me tocas con calidez. Tus dedos están fríos
y tus ojos ardientes. Tus labios están tan húmedos de besarme como los míos.
Todos. Todos los labios flamean y aguardan a que los hagas llegar hasta el
final y el inicio después de los temblores y el sudor. El interruptor del
tiempo y el espacio se encuentra en la entrepierna, que no nos engañen. Está en
la entrepierna y tú eres el impulsor principal, el que inicia el juego, el que
pauta las eras y los ciclos, las épocas, los ritmos.
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