dissabte, 1 d’abril del 2017

Campo de zanahorias

A veces una peca de demasiado sola, demasiado extranjera, demasiado lejana y temerosa de contacto con las figuras que te saludan. De momento, las cosas son así, la letra pequeña de la libertad pactada o más bien agarrada a la desesperada.

Soy como un campo de zanahorias profanado. Se llevaron de aquí mis zanahorias de cabello naranja. Arrancaron algo más que una raíz apegada a la tierra. Hay socavones en mi huerto. Un cráter, un vacío infernal que se llena, pero no se llena. El espacio y el tiempo, la acción y la actividad son mi yo en puro estado, pero no la emoción, pero no la pena, pero no el amor. Se han llevado la cosecha de este año. Hay cráteres y vacíos que no se llenan y que no tienen nombre, ni de hombre ni de mujer. Podría plantar otra cosa, pero tendría que perforar con más crueldad, hacer más estropicio interno y luego pagar el atrevimiento de destrozar todavía más el paisaje.  

Todavía no puedo cuidar de las raíces finas. Lo prometo. No es que no aprenda, no es que no sepa, es porque ahora no siento nada, sólo extensiones de agujeros e hileras de zanahorias arrancadas.  

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