No hay nada que me horrorice más que un texto sin alma. Nos obcecamos tanto
en la forma que perdemos lo esencial, el sentido que emana del interior y que se revela
en las palabras sucias sin refinar como la saba de los árboles o el diamante
salvaje encontrado en la naturaleza.
Me da miedo parir zombies y niños muertos de belleza artificial, redondos y
perfectos como una muñeca de serie. Que los ojeen y digan ah, interesante, y
nada más. Que su espíritu siga inalterable mirando hacia la misma dirección y
pasen de largo.
Sin alma las palabras son montones de letras muertas.
ResponEliminaPrefiero las mías, no son bellas pero están vivas.
Besos.